Una extraña criatura emerge de las aguas profundas y turbulentas del río Amazonas. Es un delfín rosado, que nunca había sido fotografiado bajo el agua en su hábitat natural, hasta ahora.
Mark Carwardine revela las sorprendentes imágenes de su misión al Río Negro en Brasil.Resulta extraño que un plan de este tipo llegue a cuajar. La idea de inmortalizar delfines rosados surgió de una carta en BBC Wildlife de principios de este año donde se mostraba una llamativa imagen de un hombre flotando en el río Amazonas con dos de estas extrañas criaturas. Prácticamente no existen imágenes de buena calidad de estos delfines en su hábitat natural y, dado que yo apenas los he visto de pasada, daba por hecho que obtener imágenes de buena calidad de estos animales (en libertad y en su hábitat natural) era prácticamente imposible. Pero si pudiera acercarme tanto como aquel bañista…
El fotógrafo norteamericano Kevin Schafer y yo estuvimos buscando imágenes de auténticos delfines rosa en libertad, pero sin éxito. Sin embargo, encontramos algunos lugares en Colombia, Perú y Brasil en los que pensamos que sería posible nadar con estos cetáceos. Finalmente, elegimos un lugar de Brasil en el que los lugareños llevaban más de un año alimentando a los delfines rosados. En menos de 24 horas, ya habíamos tomado la decisión de ir a ese lugar.
Quizás no haya muchas fotografías del delfín rosado, pero la especie no está en peligro de extinción inminente.
Es la especie de delfines de río más abundante, y la que más se ha extendido por el mundo.
Es la especie de delfines de río más abundante, y la que más se ha extendido por el mundo. Posiblemente vivan decenas de miles de ejemplares en libertad. Sin embargo, la especie está amenazada:
la destrucción de las selvas tropicales que habitan está provocando una disminución de la población en algunas zonas. Además, en las zonas próximas a las minas de oro, donde se utiliza mercurio para separar el metal de la roca, es frecuente que estos animales mueran por envenenamiento por mercurio. Las tradiciones indígenas de Sudamérica solían proteger a los delfines rosados, porque se consideraba un mal presagio hacerles daño. Sin embargo, estas tradiciones desaparecen rápidamente, a la vez que aumenta la caza de esta especie.
Una extraña criaturaEl delfín rosado es un animal de aspecto extraño, que tiene una joroba pequeña en lugar de una aleta dorsal, un pico alargado y enormes aletas. Su color rosáceo procede de la sangre que fluye bajo la piel del animal y varía según la edad, la transparencia del agua, la temperatura y la ubicación.
Se trata del delfín de río más grande y, en determinadas zonas, es el más fácil de ver. Suele ser más curioso y juguetón que sus parientes más cercanos y se sabe que a veces se acerca a barcos y bañistas. En la estación seca, la especie habita en ríos y afluentes, pero en la temporada de lluvia, suele adentrarse en las junglas y praderas inundadas. Parece que prefieren las confluencias entre ríos, posiblemente porque son un buen lugar para cazar.
Aunque puede llegar a nadar con gran rapidez, se lo considera un nadador relativamente lento. Su cuerpo no está diseñado para la velocidad, pero puede maniobrar entre los árboles y la vegetación sumergida en las selvas inundadas en las que habita. Es activo tanto de día como de noche, pero suele pescar sobre todo (más de 40 presas distintas) a primera hora de la mañana y a última hora de la tarde. Este animal suele cazar sólo, pero en ocasiones forma grupos no compactos en zonas en las que existen gran cantidad de presas y se lo ha visto trabajar en grupo para cercar y atacar grandes bancos de peces.
Haciendo amigosEncontramos a "nuestros" delfines en un afluente del Río Negro y pasamos una semana con ellos. Eran animales de gran tamaño y sorprendentemente ruidosos, ya que estaban acostumbrados a que los humanos les alimentaran. Nos golpeaban e incluso nos mordisqueaban, y solo se calmaron cuando los lugareños se metieron en el río con nosotros para darles pescado fresco.
Nuestros encuentros submarinos también fueron un auténtico reto desde un punto de vista fotográfico. El agua estaba templada, pero la visibilidad era nefasta. Los delfines se encontraban demasiado cerca o demasiado lejos, apenas visibles en aquellas aguas turbias. Para empeorar la situación, el agua roja rica en taninos le daba a todo un cierto aire de Marte.
Nos vimos obligados a usar gran angulares a apenas unos centímetros de distancia. Al sacar las fotos de tan cerca, tuvimos un punto de vista único, de ojo de pez, de estos animales que parecían de otro mundo.
Sus ojos son diminutos y sus bocas alargadas y repletas de dientes se tuercen en una mueca hacia arriba, como si estuvieran siempre sonriendo. Pero la característica que más llama la atención de estos delfines son sus cachetes regordetes, que los hacen parecer niños con la boca llena. Estos cachetes no les permiten ver bien hacia abajo y podrían ser el motivo de que a menudo naden cabeza abajo: probablemente de este modo vean mucho mejor.
Entre Kevin y yo sacamos miles de fotografías. Pero, como todos los fotógrafos de la naturaleza, al final del viaje no pudimos evitar pensar... ¡Ay, si tuviéramos solo una semana más! De hecho, creo que es probable que vuelva.