Escritor y naturalista
Gerald Durrell, uno de los más apreciados escritores y naturalistas de Gran Bretaña sitió desde la infancia el amor por la naturaleza y la afición a coleccionar animales.
Nacido en 1925, creció en India y Corfú, donde se aficionó desde
pequeño a coleccionar animales, llenando cada pulgada del hogar
familiar con especímenes vivos que estudiaba pacientemente.
‘El mundo es tan complicado y delicado como una tela de araña. Si tocas un hilo, la vibración se transmite a todos los demás. Y no sólo estamos tocando la tela: estamos haciendo enormes agujeros en ella…’ - Gerald Durrell
Ante su grave situación económica, alguien le aconsejó comenzar a escribir libros. Cuando comenzó a hacerlo, descubrió su talento para crear historias hermosas y divertidas, muchas veces con ilustraciones. Su obra incluye varias autobiografías, libros para niños y jóvenes y un libro que se ha convertido en el icono de muchos aficionados al naturalismo, El naturalista aficionado, publicado en 1982. Sus libros siguen constituyendo un duradero legado de inspiración, placer y aliento para sus lectores.
Su trabajo en varios zoos y expediciones de captura de animales le llevó a sentirse cada vez más frustrado con la forma en que se trataba a los animales. Su sueño era un zoo que trabajase por la protección y conservación de las especies en peligro, en lugar de explotarlas, y en 1958 fundó el Jersey Zoological Park, actualmente conocido como Durrell Wildlife Conservation Trust.
El zoo se diseñó como arca para especies en peligro y centro de educación y formación. Desde aquí, Durrell tuvo un importante papel creando numerosas sociedades, iniciativas y programas dedicados a la conservación, tanto en el Reino Unido como en otros lugares del mundo, hasta su muerte en 1995.
‘Su principal contribución a la zoología fue en el campo de la conservación y en lo que acabaría por denominarse el Ejército de Durrell: las personas de todo el mundo a las que formó para que siguieran salvando animales al regresar a sus países.’ - Desmond Morris
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Gerald Durrell y titís
Fotografía: Philip Coffey
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