Es un problema exclusivo de la edad moderna, y su solución plantea enormes difificultades. Más información sobre la crisis de una población humana que casi ha agotado sus fuentes de alimentación animal.
De un vistazo
El término bushmeat suele utilizarse en
referencia a los animales salvajes cazados como alimento en los
trópicos. Esta actividad se realiza desde hace decenas de miles de años
por todo el planeta, desde las zonas subdesérticas de África hasta las
selvas de América del Sur.
Pero, aunque en el pasado nunca constituyó una amenaza excesiva para el medio ambiente, hoy día vemos grandes poblaciones locales que cazan especies como elefantes, gorilas, antílopes, lagartos y jabalíes en números brutalmente elevados. Y ya no podemos considerar estas especies como un recurso ilimitado que pueda explotarse libremente.
¿Dónde radica el prolema?
La crisis es especialmente
fuerte en el África subsahariana. En áreas alrededor del Congo, se mata
cada año alrededor de 1m de toneladas de animales salvajes para
alimentar a los 24 m de ersonas que viven en las zonas selváticas. Y en
África occidental, con densidades de población muy superiores, ya se
han producido graves extinciones locales tras años de caza no
sostenible. Las familias locales ya no pueden recurrir al 'bushmeat'
como fuente principal de proteína. De hecho, en algunas zonas ya no
quedan grandes animales, lo que se conoce como el síndrome de la selva
vacía.
¿Cuál es el impacto?
Debido a la compleja naturaleza del
ecosistema selvático, en el que las especies tienen una dependencia
mutua para su supervivencia, el que una se vea amenazada tiene un
efecto dominó inmediato en los demás animales de su hábitat. Predadores
como los leopartos, serpientes o aves de presa se ven de pronto sin su
principal fuente de alimento. Esto también cambia la forma en que se
extienden las semillas por la zona, lo que afecta a la misma estructura
de las selvas.
Esta crisis pone a la humanidad ante un profundo problema filosófico. Si estas muertes continuan al mismo ritmo, se estima que los monos salvajes de África podrían extingurse en 50 años. Y son tantas las características que estos monos comparten con los humanos (de hecho, comparten con nosotros alrededor del 98% del ADN) que estamos en peligro de acabar con una especie muy cercana a nosotros, simplemente por necesidad de alimento.
¿Qué se está haciendo al respecto?
Hay abiertas varias
campañas en pro de que los grandes monos tengan derechos limitados como
“personas”. Algunos grupos tratan de persuadir a la ONU para que
redacte una Declaración de los Grandes Monos, que les otorgaría un
estado cercano a los humanos como “comunidad de iguales”, velando por
su libertad e ilegalizando su tortura y muerte. Aunque los grandes
monos sólo constituyen el 1% del comercio de bushmeat, su resonancia
con los humanos los convierte en un poderoso símbolo de otra
catástrofe, de dimensiones mucho mayores.
¿Cuál es la causa profunda?
Distintos
factores locales contribuyen a aumentar el problema del bushmeat. La
tala extensiva en zonas selváticas crea masas de trabajadores que es
preciso alimentar, y a la vez, las rutas madereras mejoran el acceso de
los cazadores a los animales salvajes del lugar. Cualquier tipo de
regulación de la caza impuesta a nivel local o nacional resulta
extremadamente difícil de hacer cumplir, debido a la falta de personal
y recursos. En áreas afectadas por conflictos armados, el tráfico
ilegal tiene aún mayores facilidades.
Aunque muchas culturas africanas tienen un respeto tradicional por los animales salvajes, la pobreza y la falta de fuentes regulares de alimento ha ido dañando la consciencia colectiva. El bushmeat alcanza precios elevados, especialmente en las ciudades, y los cazadores consiguen cantidades muy superiores al sueldo medio operando de forma ilegal.
Además, en estas zonas subsaharianas, existe una clara falta de otras fuentes de proteína. En las regiones costeras, las reservas de pescado sufren el mismo destino que en otras zonas del mundo, mientras que algunos animales que podrían considerarse como carnes alternativas (cabras, pollos, patos, etc.) son consideradas por la población local más como recurso financiero y moneda de cambio que como fuente de alimento. Por último, los insectos y las enfermedades dificultan en gran medida las actividades ganaderas.
¿Cuál es la solución?
Resulta extremadamente difícil
encontrar buenas soluciones para esta crisis. La necesidad de preservar
las especies entra en conflicto directo con el comportamiento
tradicional de las poblaciones humanas locales. Para gestionar
adecuadamente los animales salvajes de estas zonas, es preciso contar
con todos, desde las empresas madereras hasta los residentes locales,
así como importantes incentivos económicos y fuentes alternativas de
proteina.
Se están implementando programas educativos destinados a cambiar las actitudes hacia los grandes monos y otros animales salvajes; el libro “El gatito de Koko”, sobre un gorila en cautividad en California que tiene sus propios gatos como masotas, se utiliza en escuelas y talleres de formación para tratar de recuperar el respeto por estos animales. Mientras tanto, las operaciones de alto nivel para resolver los conflictos y apoyar el desarrollo económico en la región aumentarán en gran medida las posibilidades de ésito en la gestión de la fauna salvaje de la región.
Para obtener más información sobre la amenaza de la caza de bushmeat para los grandes monos, visita www.bushmeat.net.
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